−En Córdoba me siento en casa. Desde los 4 o 5 años, mi vieja me dejaba en la casa de mi tía en el campo y ellos se iban de viaje 15 días solos. Nos sacaban de encima un poco (risas). Nosotros íbamos al campo y éramos felices. Aparte tenían un montón de animales. Me decían “andá al granero a buscar huevos” y yo iba haciéndome el tonto, viendo las gallinas. Así que me gusta eso, me gusta la naturaleza. De hecho, me encantaría tener un campito.